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LA REVELACIÓN, LA VERDAD Y SU PALABRA

Hemos leído y escuchado las siguientes palabras de aquel evangelio: “En el principio ya existía la Palabra; y aquél que es la Palabra estaba con Dios y era Dios. Él estaba en el principio con Dios. Por medio de él, Dios hizo todas las cosas; nada de lo que existe fue hecho sin él. En él estaba la vida, y la vida era la luz de la humanidad… (Jn 1:1-4 DHH).


Un teólogo pentecostal, conocido como Stanley Horton, dice lo siguiente: “Dios se reveló, ayudando a los seres humanos a comprender su naturaleza, sus caminos y su relación con ellos.” Algo que comprendemos cuando estamos y vivimos para Cristo; y, por lo tanto, leemos en su Palabra. Ambos, Cristo y las Escrituras, representan esa revelación de Dios hacia la humanidad.


A lo largo de nuestra vida cristiana, vamos conociendo aquella verdad que transforma, transciende y permanece hasta lo último de la tierra.

Y en búsqueda de una vida plena, nos topamos a diario con la realidad, a veces ajena a nuestras costumbres, a nuestros principios e incluso a nuestra forma de ser. Sin embargo, en todo ello hay algo y alguien que permanece sin cambiar y ese es Dios, su Palabra y Cristo.


Si buscamos respuestas, las encontraremos; si buscamos paz, la encontraremos; si buscamos sabiduría, la encontraremos y si buscamos quién nos guíe, lo encontraremos. Como hijos de Dios, encontraremos lo que busquemos, tal como dice su Palabra: “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque aquél que pide, recibe; el que busca halla y el que llama, se le abrirá” (Lc 11:9,10).


No hay nada mejor que buscar a Dios, en todo momento, no hay nada mejor que guardar su Palabra y no hay nada mejor que seguir a Cristo, aún en medio de cualquier circunstancia. Pues Él dará, en Él hallaremos y por Él se nos abrirá camino a una vida plena, con paz y llena de amor. No obviando las circunstancias que reflejan nuestra humanidad. Pero recordando que su Palabra es vida, porque Él es la vida, su Palabra pertenece a ese todo, porque por Él lo podemos todo. Y así, sabremos que es vivir, sabremos que es ser cristianos y sabremos dar amor a todos aquellos que lo necesitan, aún cuando sintamos desfallecer. Porque aquél por quien somos salvos, nos da la fuerza mediante su Espíritu y su Palabra.


COLABORADORES

ARTÍCULO: - SHEYLA PIMENTEL

ENCARGADO DE ESTE BLOG: MARLON LÓPEZ

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