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Lectura de la Biblia a partir de las comunidades emergentes en América Latina


Las mentes jóvenes incurren los pasillos que son inhibidos y marcados por los adultos. Aquellos han decidido ir entre los escombros del adultocentrismo para fijar un espacio; en el que se respete el pensamiento joven. Ubicados en el contexto eclesial, hablaremos de cómo la sociedad adulta ha pormenorizado la participación de los jóvenes en la interpretación de la lectura de la Biblia. Además, la indispensabilidad de estos, hecho que representa un problema por la subestimación de las masas adultas que no toleran los aportes de los mismos.


Por eso, la tensión que provoca las ideas jóvenes consterna a la sociedad adulta. Esta realidad latente no es ni mala ni buena. Mientras los jóvenes se detienen por el activismo y la utopía, los adultos lo hacen por lo realizable, sin embargo, la interpretación bíblica en América Latina está marcada por aciertos y desaciertos, tanto de jóvenes como de adultos. Ahora bien, no se pretende dar la razón a uno de los dos grupos; más bien, entender los aportes que realizan; justo aquí Esteban Londoño y Fernando Torres dirán que, cuando los textos sagrados se interpretan se parte de la identificación de aquellas preguntas que sabotean nuestra época y que en medio de esos interminables cuestionamientos se trata de encontrar lo divino en medio de la historia.[1] Por tanto, se requiere que el abordaje de la interpretación bíblica sea formal.


El problema que se han creído los adultos ante la formalidad de los textos sagrados y la juventud es que, estos últimos no son capaces de pensar adecuadamente. Sin el afán de idealizar a los jóvenes, Klaudio Duarte Quapper prefiere determinarlos como sujetos con historia y biografía, necesarios para una interpretación de la lectura de la Biblia que sea dialogada con las comunidades.[2] Es una participación de conjunto en donde se construyen todos por todos.


Quapper presenta diferentes mecanismos ante los estigmas de las personas jóvenes como productoras y legitimadoras que posiblemente han usado las teologías y hermenéuticas bíblicas, únicamente abordaremos cuatro[3]: la invisibilización por inexistencia, en donde se han creado barreras que resultan chocantes para la sociedad joven, puesto que, todo aquello que no es adulto o lo que los mismos adultos han considerado como aceptable en esa etapa, es carente, incompleto, tránsito y/o futuro. Todo aquello, por más que sea bueno, sino es adulto, se invisibiliza. Negación, las opiniones que las sociedades adultocentristas admiten de los jóvenes son de irresponsabilidad, inmadurez, sin experiencia, etc., con esto ganan auge, porque a los jóvenes se les niega el desarrollo social, un espacio de voz, oportunidades.


La pureza de lo juvenil, que más que representar al joven como lo que es, lo representa como le gustaría que fuera, según los parámetros que el mismo adulto ha creado. Esto, al pensar que el joven puede y debe realizar trabajo físico, pero para nada entrometerse en lo intelectual; aquello que “requiere experiencia” o, “la intervención de la mente adulta”. Y, por último, los diálogos intergeneracionales, que son los que entienden y construyen juntos los jóvenes, niños y adultos cuando no hay condicionantes, y se integran tanto en la labor física, como intelectual. En conclusión, los adultos, niños y jóvenes deben integrarse en su participación social, aportar con lo que cada uno representa, sin subestimarse unos a otros y, trabajar en comunidad.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

[1] Juan Esteban Londoño & Fernando Torres Milán, “Lectura de la Biblia a partir de las comunidades emergentes en América Latina,” Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana no. 77 (2018): 7. Consultado el 13 de julio 2021. [2] Klaudio Duarte Quapper, “Lectura de la Biblia a partir de las comunidades emergentes en América Latina: Juventudes en América Latina y el Caribe. Imaginarios, tendencias y preguntas críticas,” Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana no. 77 (2018): 9. Consultado el 13 de julio 2021. [3] Ibíd., 20-21.


AUTORA: EMILY PORRAS

EDITOR: SHENRY OVALLE

DISEÑO DE PORTADA: FERNANDO JUÁREZ

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