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Mi paz les dejo



Comúnmente, la paz se define como ausencia de guerra; pero, la paz como Fruto del Espíritu es mucho más. Consiste en un bienestar en la vida diaria, implica armonía con Dios, con los semejantes, con la naturaleza y consigo mismo. Esto produce concordia, seguridad, y una vida controlada y sosegada.


La paz como fruto del Espíritu y la paz humana tiene diferencias cardinales; secularmente, se usa para describir la ausencia de guerra, hostilidad y problemas, La paz como fruto del Espíritu, significa estar en armonía, control y sosiego a pesar de los problemas, pues es una paz espiritual, no necesariamente ambiental, ni circunstancial.


CONTENIDO


“Mi paz les dejo, mi paz les doy, y no la doy como el mundo la da, no se turbe su corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27). Estás fueron palabras de consuelo de Jesús. Él promete darnos a través de su Espíritu Santo una paz con las siguientes características:


1. Que Trasciende


La paz del Espíritu Santo trasciende tiempo, momento, sentimientos, y personas, es una paz profunda, que sobrepasa el entendimiento. Trasciende la insensibilidad del mundo. No se reduce a la calma que podemos sentir, es la paz que fluye de nuestra justificación. Siendo justificados, tenemos paz con Dios, es el Shalom, que es la paz que proviene del Espíritu, es la plenitud de tranquilidad que recibimos de Él.


2. Que trae libertad


Libertad plena de toda culpa, resentimiento, raíz de amargura y hostilidad. Todo esto es posible para el cristiano que es lleno del Espíritu Santo. Tiene la capacidad de liberar de pensamiento y sentimientos generados por experiencias dolorosas. La paz no solo es la externa que nos ayuda a vivir en armonía con otros, sino también la interna que ayuda a vivir en libertad de sentimientos negativos que roban la tranquilidad.

3. Que trae armonía a la vida


Quien posee la paz como Fruto del Espíritu Santo permanece en armonía con Dios, con sus semejantes y consigo mismo. ¿Por qué? Porque la paz es lo contrario de la confusión, la enemistad, las disputas, las contiendas y las hostilidades. Cuando la paz de Dios reina en la persona, los estados negativos desaparecen. Le permite vivir la armonía en familia, en la iglesia y en la comunidad. No es una paz que se logra evitando contactos o diálogos; sino, es la paz que se genera en la mente y corazón del creyente y que se refleja en su convivencia con otros.


CONCLUSIÓN:


Algunas personas se acostumbran a vivir en conflictos, en pleitos y amarguras. La Palabra nos invita a buscar la paz con todos (Salmos 34:14). Esa búsqueda de paz, es la que podemos recibir únicamente cuando mantenemos una íntima relación con el Espíritu Santo, cuando procuramos ser llenos de su presencia. Podemos perdonar, y ser perdonados. Sanar los pensamientos y las emociones para disfrutar una nueva vida en Cristo.


REFLEXIONEMOS:


No se preocupen por nada. Más bien, oren y pídanle a Dios todo lo que necesiten, y sean agradecidos. Así Dios les dará su paz, esa paz que la gente de este mundo no alcanza a comprender, pero que protege el corazón y el entendimiento de los que ya son de Cristo (Filipenses 4:6-7 TLA).

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